San Juan, las fuentes, las aguas y el rocío (IV)

Este reportaje, en el que recojo los ritos y costumbres referentes al agua, las fuentes, los ríos y el rocío, lo acompaño de fotografías de las "fuentes" y manantiales de Estella y sus alrededores.

No me extiendo en lo referente al manantial del "Agua Salada", que aflora junto al río Ega al pie del diapiro, porque será objeto de un reportaje especial.


La más antigua de la comarca es esta fuente románica de Villamayor, situada al pie del Camino de Santiago, bajo las ruinas del castillo de Monjardín. Traspasando los arcos, una profunda escalinata conduce a un depósito de agua alimentado por un pequeño manantial.

Desde sus comienzos la Iglesia ha hecho del bautismo una de sus bases doctrinales, limpiando al hombre, mediante el agua, del Pecado Original con el que nace por haber desobedecido Adán y Eva a Dios en el Paraíso. Por eso, si han cristianizado los ritos del fuego asociados a la fiesta de San Juan, mayor base ha tenido para cristianizar los relacionados con el agua, los cuales forman parte inseparable de la figura del Bautista (el que bautiza).

Pero en la relación de San Juan con el agua se mezclan tradiciones anteriores. Afirmaba Alexandre Bertrand en su obra sobre la religión de los galos, que de todos los cultos antiguos, el más extendido, el que mejor respondía a los instintos del pueblo, el que más huellas ha dejado en el territorio francés, es el culto a las aguas. Lo mismo puede decirse de España y otras naciones europeas, pues desde los tiempos más remotos, el agua, fons vitae, fue venerada como salutífera, y las fuentes eran objeto de adoración por los pueblos indígenas.



Le sigue en calidad y valor, la fuente renacentista de la Mona, o de los Chorros, situada en el barrio de los francos de San Martín de Estella, la cual ha servido de inspiración a otras fuentes de la zona. Antiguamente se alimentaba de un manantial sito en Mercatondoa.

Referente a nuestro país, tres grandes depósitos de bronces ibéricos (fechados entre los siglos V y III a. de J. C.) -los más importantes- se han hallado en las proximidades de fuentes o manantiales, a cuyas aguas acudieron generaciones de hombres a curar de sus dolencias y a sanar a los animales domésticos.

Sucede con el depósito de exvotos ibéricos del barranco y collado de los Jardines (Despeñaperros), con el hallado en las proximidades del santuario de la virgen de la Fuensanta (Murcia), y con el del santuario de Castellar de Santisteban.



Fuente del claustro nuevo del monasterio de Irache, futuro Parador Nacional.

En las fuentes, morada de las ninfas, mediante sacrificios y plegarias los sacerdotes griegos y romanos invocaban los favores de la divinidad a la que estaban consagradas. Esa costumbre estaba muy extendida en la Península Ibérica, siendo condenada por los concilios de Toledo de los años 661 y 693, con tan escaso éxito, que pronto la Iglesia optó por cristianizarla dedicando fuentes y manantiales a San Juan o a algún santo local.

También allende nuestras fronteras todo lo relacionado con esta fiesta la Iglesia lo consideraba un resabio de paganía. San Cesáreo, en el Segundo Concilio de Arlés, clama contra "la superstición de bañarse en las fuentes el día de San Juan, como si el Bautista pudiese aceptar un culto disparatado que se tributaba a las mentidas deidades". Ya para entonces San Eloy, en el siglo VII, al reseñar y vituperar las supersticiones paganas que se habían infiltrado en las costumbres de los cristianos de su época, decía: «Que por San Juan y otras fiestas de los Santos, en los solsticios, nadie practique las danzas, saltos, las carolas y cánticos diabólicos; que nadie encienda antorchas ni haga votos al pie de los templos, o junto a las piedras, fuentes, árboles, campos cerrados y encrucijadas de caminos; que nadie pretenda realizar lustraciones ni encantar las hierbas, ni hacer pasar su rebaño por la hendidura de un árbol o por un agujero abierto en la tierra, porque eso será como consagrar el ganado al diablo; ...y no apliquéis filacterias diabólicas a los manantiales, árboles o cruces de caminos... No creáis en las fuentes milagrosas, y cortad los árboles que se dicen sagrados»


Fuente del claustro renacentista del monasterio de Irache

Estas prácticas eran ritos de purificación, regeneración, sanación y limpieza tanto interior como exterior, asociados al agua, la cual, sobre todo en fuentes y manantiales, en el amanecer del día de San Juan se decía que estaba dotada de poderes especiales que la gente aprovechaba bañándose, lo cual no estaba mal en épocas en las que la higiene escaseaba.

En estas fechas del solsticio, la virtud purificante y curativa descendía de lo Alto a las fuentes, como en tiempos de Cristo descendía el espíritu del Señor sobre la piscina de Siloé, rizando, como un aire, el cristal de sus aguas.


No es el Espíritu del Señor el que riza las aguas del depósito de la fuente de Villamayor de Monjardín (primera fotografía). Es un pequeño chorro de agua el que produce las ondas que el sol de la mañana proyecta sobre la pared.

En la montaña de Navarra abundan más que en ninguna otra región de España las fuentes maravillosas, santas en el decir del vulgo, a las que acudían y acuden numerosos enfermos afanosos de aprovechar la virtud curativa que sus aguas adquieren en esta noche memorable.

En Baztán, los que padecían de enfermedad cutánea acudían a la fuente llamada "Sanjuaniturri" (iturri = fuente), de Aranaz, y en sus aguas se bañaban a la luz de la luna para obtener una pronta curación. Encima de esta fuente hay una imagen del Bautista en cuyo honor encendían los romeros velas y cera. Algo parecido sucedía en Beorburu, a cuya fuente "Saniturri" (fuente santa) acudían para curar la sarna.

Entre Olazagutía y Ciordia existe una fuente llamada "Ur-bedeinkatu" (agua bendita). Sus aguas son sulfurosas, y el pueblo atribuye a ellas virtud extraordinaria contra las enfermedades de la piel, especialmente en la mañana de San Juan.

En el valle de Anocíbar (Navarra) está la fuente "Anguiruiturri" (fuente de los Ángeles), a la que acudían esa noche los vecinos para lavarse la cara y, algunos, todo el cuerpo. Los enfermos arrojaban a la fuente monedas que nadie osaba recoger, porque decían que quien las tocaba atrapaba todas las sarnas, granos y tiñas que allí dejaban otros. Cuentan de un pastor que robó las monedas y se plagó de sarna, sanando al devolverlas.


No es esta una fuente "santa", pero sí es la Fuente de la Salud. Situada a la salida noroeste de la ciudad, en una pequeña parcela poblada de frondosos árboles, antaño fue muy concurrida. En ella los estelleses merendaban y bailaban cuando el 1º de mayo acudían a la fiesta de San Felipe y Santiago. Hoy el agua no tiene nada de particular, pues la recibe de la red que alimenta a la comarca.

Antiguamente, los de la zona de Betelu repetían el rito lustral en los manantiales de "Iturri-Santu" y "Dama-Iturri". El nombre de Fuente Santa, con el que hoy se designa a la de aguas azoadas que ha dado fama universal a Betelu, nos indica que las gentes la consideraban sagrada.

En término de Yanci existe una pequeña cueva convertida en ermita de San Juan, con una imagen del Bautista en un nicho abierto en la peña, a una altura de ocho metros, con acceso por una escalera abierta en la roca. La víspera de la fiesta las gentes se congregan en el santuario, y los enfermos, algunos desnudos bajo los tres caños de la fuente, invocan al Santo para que cure sus males. Después dejan la ropa -las toallas y lienzos con los que se han secado- sobre las zarzas, pensando que en ellas queda la enfermedad. El santero tenía la obligación de quemar estos trapos al día siguiente, pero algunos madrugadores solían hacer, con tal motivo, una buena cosecha de lienzos.


Otra fuente notable en la comarca, aunque poco conocida, es la del "cerrado de Irache", antigua dependencia monástica que con la Desamortización pasó a manos privadas.

Existe otra cueva, cerca del molino de "Urbacura" de Errazu (valle de Baztán), aunque enclavada en terreno francés. Se trata de una pequeña gruta en cuyo fondo se ve una estalactita de color verdoso brillante y de una forma retorcida y rara que le da aspecto de endriago o de monstruo, llamada por la gente "Arpeko-Saintu" (el Santo de la Cueva), sobre la que vierte una gotera que tiene para el vulgo un supremo poder terapéutico. Los romeros recogían esta agua impotable, insana y llena de residuos orgánicos para curar con ella el herpes, y besaban al monstruo como si fuese un santo, rezando ante él el rosario. Las paredes de la gruta aparecían llenas de crucecitas y de estampas que, a manera de exvotos, depositaban los romeros sanados.


Tampoco es este el "Arpeko-saintu" al que hago referencia en el párrafo anterior. La instantánea recoge una formación tubular calcárea, formada por un pequeñísimo manantial en las proximidades del monasterio de Iranzu.

Cuando las virtudes terapéuticas de las aguas no son muy manifiestas, la gente las tomaba sólo el día de San Juan y en determinadas circunstancias, y les atribuía propiedades curativas contra las enfermedades cutáneas. En estos casos se trata de un asunto de fe y religiosidad en donde se revela más puro el antiguo culto a las aguas solsticiales, y donde sus virtudes terapéuticas estaban asociadas a la limpieza corporal ("Quién se peine el día de San Juan, no le atacaran los piojos en todo el año"). 

En Baraibar (Navarra), una mujer relataba que cuando era joven, mandada por su madre fue a por agua a la fuente "Damaiturri" de Betelu, distante más de veinte kilómetros, llevando a casa una lata en la que cabían diecinueve litros. Al volver, su madre se lavó toda, y obligó a beber a los de casa de aquella agua que, supongo, estaba sucia y posiblemente infecta de alguna enfermedad cutánea.


Cuando a principios del siglo XX la ciudad trajo el agua del manantial de Ichaco (antes se cogía de la fuente de los Chorros, del río, o de las acequias de las huertas de Los Llanos), por las calles se colocaron fuentes como la de la fotografía, actualmente en Los Llanos, y antes en la plaza de Santiago,...

En otros lugares, para curar la sarna se desnudaban a las doce de la noche, colgaban la ropa de un árbol, se refregaban bien el cuerpo contra el tronco, y se sumergían nueve veces en el río. Al salir, vestían otra ropa y abandonaban la que habían llevado.

Antiguamente en el valle de Salazar los enfermos iban al río, donde se lavaban cara, manos y pies. En el valle de Roncal, después de las doce, acudían al río a bañarse mozos y mozas juntos, o bien las mujeres solas, momento que los mozos aprovechaban para esconderles la ropa. Llamaban a esto la sanjuanada, nombre que también daban en Burguete, y que por utilizarse en la Ribera puede decirse que era de aplicación general en toda Navarra ("La mañana de San Juan / madrugan todos los calvos, / a tomar la sanjuanada / a la regata de Obanos").


... y otras más humildes, como esta de Lizarra, que lleva grabada una estrella de seis puntas mientras que la estrella que simboliza a la ciudad tiene ocho.

En Lacunza (Navarra), niños y niñas bajaban al río acompañados del sacerdote. Éste bendecía las aguas mientras las campanas tocaban a conjuro, repicando con interrupciones de media en media hora para escuchar uno de los Sermones de Tempore de San Agustín que alude a la costumbre de ir el día de San Juan al mar a bañarse, e indica que tal costumbre la tomaron los cristianos de los paganos. A continuación, todos se lavaban los pies.

Un vecino de Estella me comentaba que el día de San Pedro (los ritos relacionados con San Juan y San Pedro tienen la misma base cultural), su padre, sastre de profesión y pescador por afición y necesidad, cogía a su mujer y a su numerosa prole, e iban ritualmente a bañarse al río. Era, para mi informante, el primer baño del año.

En Estarrús (proximidades de Jaca) la gente acudía en la noche del 23 a un barranco que hay cerca del pueblo, donde ejecutaban el rito lustral sumergiéndose desnudos en el río. Reunidos aparte hombres y mujeres, el molinero hundía su mano en el agua, y cuando conocía que la virtud había bajado a ella, gritaba:

¡QUE VIENE LA GLORIOSA!

y todos los enfermos se zambullían en el agua.


Otras fuentes, como esta de la plaza de Santiago, obra del mazonero local Teófilo Echauri, e inaugurada el año 1946, están provistas de un amplio pilón para que abrevaran los animales. De cuadras más o menos lejanas a ellas hemos visto acudir numerosos equinos y manadas de vacas.
Aunque lo parezca, no es el Espíritu Santo el que desciende a llenar el agua de virtud: es una paloma en postura similar a la que se representa a la Tercera Persona de la Trinidad.

Pero las fuentes sanjuaneras no sólo curan las enfermedades de la piel. Hay fuentes como las de Sessa, en Campania, o la de Thespias, a las que se atribuye la virtud de producir fecundidad en las mujeres. Y en Oñate (Guipúzcoa) existe un manantial (San Valerio) de agua muy fría, que se recoge en un depósito, donde las mujeres casadas que se creían estériles tomaban un baño para conseguir la fecundidad.

Resurrección María de Azcue dice que en cierta parte de Navarra (no precisa la zona) las mujeres estériles acudían la noche de San Juan a una fuente, y después de beber de sus aguas se frotaban el vientre contra una de las peñas del manantial.

Parecida costumbre existe en una aldea de Bretaña llamada Plouarzel. En ella, los recién casados iban a pie hasta un menhir druídico; se desnudaban, y frotaban el vientre contra el saliente del monolito para asegurarse posteridad.


En Estella había otras fuentes, simples abrevaderos como este de Ayegui, situado en las faldas del mítico Montejurra.

Como las fiestas del solsticio de verano estaban ligadas a la fecundidad, en Roma, a la imagen de la diosa Pales se le hacían aspersiones de leche tibia, y hoy día, las mujeres de Marruecos vierten el día de San Juan cántaros de leche en determinados pozos señalados como morada de espíritus malignos. En este día los moros guardan castidad, porque en él "ninguna hembra debe ser fecundada".

Recordemos que los moros celebran el día 24 de junio el nacimiento de Iahía Juan, hijo de Zacarías, con ritos parecidos a los nuestros, y ese día miles y miles de cabileños bajaban en Marruecos a las playas para bañarse, pasear en barca y recoger sus aguas para aplicaciones milagrosas.

La costumbre de bañarse en el mar después de contemplar la salida del sol, tan común a todos los pueblos costeros, y tan explotada en comedias y romances (Salen de Valencia, /  noche de San Juan, /  mil coches de damas / al fresco del mar), probablemente tiene su origen en la tradición de ir a la orilla del mar para ver salir al sol el día de San Juan, a la que debieron de unirse los ritos acuáticos que son fundamentales en esta fecha.


Pero las fuentes, además de las virtudes de sus aguas, también servían de solaz al ciudadano. Lo hemos visto en la Fuente de la Salud, y ahora lo vemos en la de Remontival, situada cerca del casco urbano, en una pequeña parcela habilitada con árboles y bancos.
El agua tenía (hoy la fuente está seca) fama de ser muy buena. Yo recuerdo a mi padre, ya anciano, acudir a llenar un botijo del que bebía la familia.

Los mismos poderes que al agua de fuentes y manantiales se atribuía al rocío ("coger la rociada") que esa madrugada cubría la hierba de los campos, de forma que sobre él las personas se revolcaban desnudas para que su cuerpo quedara humedecido por las preciadas gotas, a las cuales se les atribuía la virtud de hermosear el cuerpo y de asegurar la salud de todo el año. Y así, con el cuerpo desnudo y humedecido, recibían alborozados los primeros rayos del sol naciente, recogiendo cuanto de sano y purificador existe en la naturaleza.

Frazer, en su libro "La muerte de las divinidades de la vegetación", al referirse a las ceremonias sanjuaneras de España, dice: "En las costas, las gentes se bañan en el mar; en el interior, los aldeanos se pasean y se revuelcan desnudos en el rocío de las praderas, que pasa por un preservativo soberano contra las enfermedades de la piel".

Esta práctica, que recuerda los ritos lustrales de los tiempos antiguos y la manera en que honraban los pueblos primitivos al espíritu de las aguas o dios de la lluvia, se dio mucho en Navarra para curarse o preservarse del herpes, la sarna, el eczema, los granos y la tiña. En Larraun, para evitar la sarna se revolcaban esa madrugada en el rocío, completamente desnudos. Andar desnudos sobre la húmeda hierba lo hacían en Aézcoa y Salazar.


El rocío, ¿tendrá mayores virtudes que el agua? Habitualmente, no, pero el día de San Juan, ¿quién sabe?

Allí donde el agua se extraía de pozos, aljibes u otros lugares carentes de poderes especiales, se ponía al sereno, retirándola antes de la salida del sol. Era el agua "lustral", a la cual, por haber permanecido expuesta a las influencias cósmicas de esa madrugada especial, se le atribuían propiedades curativas.

En la serranía de Soria se cogía el agua en recipientes, en los que echaban pétalos de rosa, romero, espliego y otras plantas y flores aromáticas, y la mañana de San Juan se lavaban con aquella agua, en la que creían hallar virtudes especiales, sobre todo las solteras.

En el partido de Montánchez (Extremadura) llaman "agua de la verbena" al agua puesta al sereno durante aquella noche. Esta agua se dice que tiene las virtudes más diversas, pues si las mujeres la empleaban para quitar los celos a sus maridos, también la usaban para lavar el tocino para que no se enrancie, como ocurre en Cabezuela.


Lo que sí creo, es que el rocío y el agua de las fuentes y los manantiales, en circunstancias normales es de mayor calidad que la recogida en aljibes, método muy socorrido cuando el agua no aflora del interior de la tierra. En la foto, el aljibe del castillo de Monjardín.

El agua y Jesús de Nazaret también han estado asociados en leyendas locales, como las de las tierras zamoranas de Sanabria; tierras en las que el componente visigótico aún se puede apreciar en la vida cotidiana. En Zamora creen que en el pueblo de Lucerna, sumergido bajo las aguas del lago de Sanabria, el día de San Juan tañen las campanas de la iglesia. La leyenda dice que el destino del pueblo fue consecuencia de que cuando Jesús llegó a él, todos los vecinos, excepto dos mujeres, le negaron la limosna.

En León, fue una ninfa la que, repudiada de amores, vertió tantas lágrimas que creó el lago de Carucedo, junto a las Médulas, en cuyas profundidades dice la tradición que hay un pueblo cuya imagen puede verse al amanecer del día 24 de junio.


De forma exterior parecida a los aljibes son estas fuentes medievales, cerradas con bóveda apuntada para proteger el manantial. En la foto, la "fuente vieja" de Ayegui.

Recordemos que las ninfas son divinidades femeninas en la flor de la juventud, personifican a las fuerzas naturales de los bosques, las fuentes, el mar y los ríos, y presiden en ellos el crecimiento y la fecundidad de los reinos vegetal y animal.

Tienen temperamento amoroso, y a menudo se unen a los dioses y a los hombres, los cuales, según algunas cosmogonías, nacieron de las ninfas de los árboles (Dríades) y de los fresnos (Melíades, de melia = fresno), árbol que algunos pueblos pastores asociaban con las tormentas y con el mes de los corderos, el cual empezaba el 8 de febrero (En el antiguo alfabeto irlandés, y en el de los druidas galos, los meses tenían nombre de árbol. El alfabeto empezaba dos días después del solsticio de invierno, y se llamaba "Beht-luis-nion" por ser estos los nombres de los tres primeros meses, los cuales correspondían a los árboles abedul-serval-fresno)


El ser "origen" del hombre de poco le valió a este fresno gigantesco (su envergadura se ve en la base del tronco). Gravemente herido por un incendio, el afán por delimitar y cerrar la propiedad llevó al nuevo propietario de la finca a acabar con el árbol, con la fuente que estaba a sus pies, y con la costumbre que tenían los de Noveleta (barrio de Estella) de acudir a su vera. Este árbol dio nombre a la desaparecida fuente del "Fresno", situada junto al poblado de Noveleta.

Ninfa, en griego, significa "la que está cubierta y velada", y designa a la novia o recién casada. Son, pues, las ninfas Dríades y Melíades, así como las Náyades (ninfas de las fuentes y los ríos), uno de los orígenes de la asociación del agua con los ritos de fertilidad y fecundidad que han abundado en la fiesta de San Juan.

En mi anterior reportaje comenté que el laurel era una planta protectora de las tormentas, y sagrada para los antiguos. No en balde, la ninfa Dafne, que como todas sus compañeras debía conservar la virginidad, se transformó en laurel (en griego daphne significa laurel) para escapar del acoso al que la sometía Apolo. Según la mitología, Apolo se burló de las flechas de Eros, dios del amor, y éste se vengó lanzando desde el Parnaso una flecha de oro que se clavó en el corazón de Apolo, inspirándole amor, y una flecha de plomo que atravesó el de Dafne y le inspiraba indiferencia. Dafne, en su huída, acudió al río Peneo, del que era hija, y allí se convirtió en laurel. El apuesto Apolo sólo pudo arrancar una rama de la planta, y adornar con ella su lira, su carcaj, y la cabeza de los trovadores.


La "Variante de Estella" se llevó la fuente pequeña de Ordoiz, propiedad del que esto escribe. A ella no acudían las ninfas, pero sus aguas daban cobijo a una gran cantidad de cangrejos, ranas, tritones y otros muchos animales.
La fuente grande de Ordoiz, protegida por una carcasa de hormigón que le quita valor fotográfico, es la más caudalosa de Estella, en cuanto a las de agua potable se refiere, y a ella acudían los vecinos cuando la "gripe del 18",  o "española", a coger sus aguas.

A Zeus, el dios de los dioses, lo criaron en Creta (monte Egeo) la ninfa-fresno Adastrea, su hermana Ío, y la ninfa-cabra Amaltea. Agradecido Zeus, cuando se convirtió en Señor del Universo colocó la imagen de Amaltea entre las estrellas (Capricornio), y tomó de ella un cuerno que, convertido en la famosa Cornucopia, o cuerno de la abundancia (siempre lleno de la comida y bebida que su dueño desea), entregó a Adastrea e Ío.

Relacionado con todo esto debe de estar la leyenda del hombre-pez de Liérganes, recogida y acogida por el Padre Feijoo, quién cita la conversión en pez del vecino de Liérganes Francisco de la Vega, en la ría de Bilbao, la víspera de San Juan del año 1673.


Es "dar un palo al agua" lo que hace esta moza, y no recoger la "flor del agua". La llamada fuente de "La Borda", dejó de ser fuente cuando el Ayuntamiento de Estella compró la parcela y excavó buscando "la madre" para canalizar el agua a la ciudad.

Esta de La Borda, junto con la de Ordoiz y la de San Lorenzo, son los únicos manantiales que subsisten en el término municipal. La sequía asociada al cambio climático acabó con las fuentes de Martínsincosa", "Rapún", "La Nora", "Remontival", "La Teja" y tantas otras.

De Santander a Galicia existe la creencia de que se puede coger la flor del agua que brota en el cristal de las fuentes cuando rompe el alba en la mañana de San Juan. En ese preciso instante, si la coge una muchacha le otorga un pronto matrimonio. En Santander, las muchachas iban a buscar la flor del agua que proporcionaba el amor y la felicidad. En Caravia (Asturias) enramaban las fuentes, y al llegar las doce de la noche cogían la flor del agua para desencantar con ella a una dama o a un caballero. Esta flor se relaciona con la creencia de que las hadas salen en las fuentes el día de San Juan.

Por la zona de Sos y la Valdonsella (Aragón) hasta hace poco mantenían la creencia de que en la noche de San Juan pueden ser desencantadas las damas que habitan en las fuentes. Ello se consigue cogiendo el ovillo que la dama entrega, y sin volver la cabeza se camina desenrollando el hilo. Detrás del que lo porta producen fuertes ruidos, de los que no hay que asustarse ni volver la vista, porque en tal caso el desencantamiento cesa. Cierta vez un mozo, que, como Ulises, no pudo resistir la tentación, cuando volvió la cabeza vio una hilera de yeguas negras unidas al hilo, las cuales, excepto la primera, que estaba atada, desaparecieron como por ensalmo.


Notable pujanza conserva el manantial del Agua Salada, al que haga calor, frío, hiele o nieve, acuden numerosos vecinos a lavarse y bañarse en sus aguas medicinales, las cuales tienen propiedades contra las afecciones cutáneas. La foto está tomada el 11 de febrero de 2004: Joaquín, ¡he ahí a tu madre!.

Mientras que cualquier población aprovecha sus aguas canalizándolas a balnearios, o creando centros Spa o de talasoterapia con aguas sin ninguna propiedad especial, el gran caudal del manantial del Agua Salada de Estella se pierde en el río. Curioso contrasentido en una ciudad con la historia y la trayectoria de Estella

El tema del ser misterioso que entrega al hombre una madeja, un ovillo o una joya de gran valor, obligándole a seguir adelante y a no sentir curiosidad so pena de deshacer el sortilegio, de perder el objeto precioso, o de sufrir inmediato castigo, es muy corriente en la mitología popular.

Aparece en la historia de Ulises, en la Biblia (la esposa de Loth convertida en estatua de sal por volverse a mirar el incendio de Sodoma y Gomorra), en el folklore vasco relativo a las lamias, y en la variante extremeña del Mito de Psiquis.


La modernidad nos trajo otras fuentes, como esta del escultor Clemente Ochoa, situada en el paseo de Los Llanos... (La instantánea está tomada durante el Nafarroa Oinez de 1990).

En la festividad del Precursor el agua también era utilizada para la práctica de la hidromancia: echando a las doce de la noche un huevo en un recipiente de agua, adoptaba figuras extrañas (navíos, castillos, ataúdes, rostros) a través de las cuales adivinaban el porvenir.

Las andaluzas creían que en un barreño de agua clara podían llegar a ver el rostro del novio futuro. En Madrid, las muchachas rompían un huevo fresco en una escudilla llena de agua serenada, y según la forma que tomaba adivinaban el oficio del futuro marido: unas veían un barco, y decían que su marido será hombre de mar; otras un martillo..., una sierra..., y daban por seguro que será carpintero..., herrero... En Extremadura, la práctica de cascar el huevo a las doce de la noche se extendía por casi todos los pueblos, y en algunos, como San Martín de Trevejo, iban todos los jóvenes al pilón de la fuente y lo hacían juntos, para lo cual cada uno llevaba un recipiente sobre el que echaba su huevo.


... o esta otra, levantada en uno de los ramales del Camino de Santiago, junto a la muralla de Elgacena, para dar de beber al peregrino.

En la zaragozana Valdonsella, los novios, para saber si iban a casarse y quién de ellos moriría primero, a las doce de la noche depositaban sobre la corriente del río Onsella sendas coronas de flores con una tea encendida en el centro. Si las coronas salían a la orilla al mismo tiempo, era seguro que los amantes se casarían, y moriría primero aquel cuya tea se hubiese apagado antes. Si las coronas seguían juntas y encendidas largo trecho, el presagio no podía ser más feliz. Si se separaban o si llegaban a la orilla en diferente tiempo, se interpretaba como mal presagio.


Aunque para fuente única en el mundo, no hay como la del Vino, situada al pie del Camino de Santiago, junto al monasterio de Irache. Inaugurada con motivo del centenario de la bodega, en ella el peregrino tiene un caño para saciar la sed con agua, y otro caño para saciar la sed con vino.

Todo un lujo, cortesía de Bodegas Irache.

Para acabar, señalaré un hecho curioso: en Vitoria, una representación de la ciudad acudía al río Zadorra, y metiéndose en el agua depositaba un pliego para comprobar que la corriente se dirigía al Ebro. Parece ser que después de la magia de la noche, los del regimiento se quedaban tranquilos al ver que la naturaleza seguía el curso de siempre.

Nota: Todos estos reportajes sobre la fiesta de San Juan deben mucho a los trabajos de Julio Caro Baroja y de José María Iribarren, los cuales he consultado para su elaboración.

Octubre de 2005

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