NICOLÁS DE ECHÁVARRI, O CHÁVARRI

En el reportaje sobre la Imprenta en Estella anuncié otros dos reportajes sobre las familias Eguía-Echávarri y San Cristóbal. La extensión del primero me obliga a dividirlo en dos. En el que hoy ofrezco recojo la figura de Nicolás de Echávarri, obispo de Pamplona en el siglo XV, cuyo asesinato por mosén Pierres de Peralta el Joven influyó decisivamente en el futuro de Navarra y en su desaparición como reino independiente. También ofrezco en este reportaje una semblanza del caserío de Echávarri, y, sobre todo, del pueblo de Echávarri, los cuales se disputan el origen de la familia.

En una ciudad cuya élite política y económica fue de procedencia francesa, los Echávarri o Chávarri surgen al final de la Edad Media como la más importante familia estellesa de origen navarro. De extracción rural, su vinculación con la ciudad fue tan grande que hasta su escudo, una estrella de oro de ocho puntas sobre fondo azul, se confunde con el de Estella: sólo lo diferencian los colores.


Tomado del Libro de Armería del reino de Navarra, rehecho en 1572, sobre las armas figura la siguiente leyenda: "El palacio de los Echábarris de Tierra de Estella".

Como curiosidad señalaré, que de los 784 escudos que figuran en el libro, 70 de los cuales proceden de la Merindad de Estella, sólo los de Echávarri y los de los palacios de Bearin, Lácar, Oco y Erendazu señalan que proceden de Tierra de Estella.

Como no podía ser menos tratándose de aquellos lejanos tiempos, hay dudas sobre el origen del apellido. Algunos autores lo vinculan al pueblecito del mismo nombre, sito en el valle de Allín, pero probablemente proceda del caserío homónimo situado en el municipio de Aberin, en La Solana, al pie del mítico Montejurra.

Equidistantes ambos lugares de la ciudad de Estella, a favor del pueblo existe la sospecha de que en él hubo una encomienda de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, la cual organizaba las posesiones de la Orden en los valles de Allín y Yerri.

En su contra está el hecho de que el lugar dependió del monasterio de Irache (siglo XI), y a partir del siglo XIII fue posesión del monasterio de Iranzu. Por otra parte, en el pueblo no quedan restos arquitectónicos de aquella época, salvo una pila bautismal del siglo XIII.


Echávarri, en el extremo más oriental del valle de Allín, y al pie de las peñas de su mismo nombre, las cuales lo separan del importante cenobio de Iranzu, es un pequeño lugar que aparece por primera vez documentado cuando sus vecinos ocuparon y roturaron en 1079 las tierras que en Villatuerta tenía el monasterio de Leire. Posee una superficie de 5,77 kilómetros cuadrados, y está situado a 443 metros de altitud.

A favor del caserío está la constatación documental de que en 1187 se fundó en él una encomienda sanjuanista cuyos restos aún pueden verse: una edificación de sillería en forma de U de finales del siglo XII y principios del XIII (en siglos posteriores se le añadieron varias edificaciones), a cuyo cuerpo central se accede a través de un arco románico con arquivolta exterior. Este cuerpo central posee otros arcos de la época, y está rematado por canes, la mayoría de ellos lisos.

Otros factores a tener en cuenta son el hecho de que el caserío esté muy próximo al trazado original del Camino de Santiago, y que el nombre (Echávarri significa en vasco "casa nueva") pueda tener relación directa con el establecimiento de la encomienda de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén.

Su vinculación con los caballeros hospitalarios fue larga: en 1847 el caserío se consideraba como un despoblado propiedad de los sanjuanistas.


Sobre el horizonte, a la derecha vemos las Peñas de Echávarri, situadas sobre el pueblo homónimo.

El caserío tenía 22 habitantes en 1858, número que fue descendiendo hasta las tres personas que lo habitaba en 1981.

Hoy, toda la parte medieval esta en avanzado proceso de ruina, por lo que mediante estas letras hago un llamamiento al Gobierno de Navarra para que evite su total desaparición.

El error de vincular el apellido de ésta familia con el pueblo, probablemente se deba a que García Sánchez de Echávarri era prior de la Orden de San Juan de Jerusalén allá por los años de 1226 (En 1261 aparece citado en una transacción comercial el comendador de Echávarri e Iracheta, si bien no cita su nombre y por tanto no se conoce la relación que puede tener con ésta familia), y como entonces el apellido se tomaba del lugar de origen, algunos autores hicieron caso omiso del caserío y se fijaron en el pueblo, sobre el cual los Echávarri y Eguía ejercieron durante algún tiempo la justicia media y baja, como en un próximo reportaje se verá.


En la fotografía superior vemos en primer plano una parte de la ciudad de Estella, y al fondo, en el centro, el escalonamiento que forman las Peñas de San Fausto a la izquierda, y el imponente crestón calcáreo de las Peñas de Echávarri a la derecha.

Sea cual sea su origen, nos encontramos ante una importante familia de funcionarios de la corona cuyo cenit se alcanza con el obispo Nicolás de Echávarri.

Así, en 1360 aparece citado Ximeno de Echávarri, administrador de los bienes de la Corona en Estella, recaudador de impuestos y alcalde de la ciudad durante más de 25 años, y activo comerciante que traficaba con todos los productos que pasaban por el mercado.

Su hijo Nicolás de Echávarri el Mayor, tendría unos diez o doce años cuando en 1383 fue nombrado notario de Estella y de la Corte, puesto que dejó a su hijo Pedro cuando en 1425 recibió el nombramiento de Secretario de los Reyes, cargo que mantuvo hasta que en abril de 1444 falleció. Ocupó también el cargo de recaudador de impuestos de Estella y su merindad, así como el de tesorero particular de la Reina. Hombre de confianza de la familia real navarra, era el boticario que le suministraba las medicinas.


Esta es la única imagen que se conserva del obispo Nicolás de Echávarri. En actitud de bendecir, y con sendas estrellas de su escudo a cada lado, se puede ver en la clave de la capilla de Santa Águeda de la iglesia de San Miguel de Estella, construida por la familia Eguía-Echávarri. (Foto José Miguel Gamboa, uno de los últimos párrocos de esta iglesia, fallecido el 19 de noviembre de 2004, cuando preparo este reportaje)

Le sobrevivieron tres hijos: Nicolás de Echávarri el Joven, futuro obispo de Pamplona, el cual heredó el nombre paterno; Pedro Sanchiz de Echávarri, secretario de los Reyes y buen diplomático, hombre de confianza y tesorero de la Reina cuyos gastos atendía a la vez que organizaba su protocolo de visitas, en 1434 recibió la notaría del Sello Real de Los Arcos y el prebostado de la villa, en la cual se avecindó. Sobre el tercer hijo, Juan Martínez de Eguía, trataré en otro reportaje.

(Los datos anteriores son del historiador José Goñi Gaztambide, los cuales no coinciden con los de otros autores. Francisco de Eguía y Beaumont, por ejemplo, historiador y miembro de la familia, en 1664 escribió que Nicolás de Echávarri y Juan Martínez de Eguía eran hijos de otro Juan Martínez de Eguía, originario de Amézqueta, en Guipúzcoa, y fundador de la casa Eguía en Estella, y de Catalina de Echávarri, señora del lugar y palacio de su nombre. Según estos autores, Juan recibió el patrimonio del padre, y tomó su apellido, y Nicolás la herencia y el apellido de la madre).


Escudo atribuido a los Echávarri, y que procedente de la iglesia del Santo Sepulcro de Estella se puede ver sobre la fachada de la casa nº 11 de la calle San Nicolás. Se puede fechar en el siglo XV, y se ignora el lugar para el que fue labrado. De punta conopial con tiracol, sus armas traen cinco estrellas de ocho puntas (El número de piezas en un cuartel no es necesariamente significativo) y bordura de aspas.

Nicolás de Echávarri, nacido en 1417, a los seis años de edad fue adscrito al hostal del rey, y con doce años era boticario de la Reina, la cual lo incluyó en la nómina de su cámara real. Cuando en 1431 su padre fue nombrado Secretario de la Corte y del Consejo, con sólo catorce años le sustituyó como recaudador de los impuestos de Estella, cargo que ocupó durante 20 años. Entre 1433 y 1436, siendo todavía menor de edad, recibió de doña Blanca, y para el resto de su vida, las "manadas" del mercado de Estella.

(Supongo que al hablar de "manadas" el autor se refiere al impuesto de la "palmadas", consistente en que de cada saco de trigo que entraba en la ciudad, el grano que cabía en la palma de la mano iba a parar al tesoro real. Este impuesto, establecido por Carlos III el Noble el 4 de mayo de 1366, era muy odioso para la ciudad, y gravoso para su mercado, por lo que repetidamente se pidió su derogación. Esta llegó el 10 de octubre de 1510, al ser conmutado por la obligación de pagar diez reales a la capilla de San Andrés. Obligación que figuró en los presupuestos municipales hasta la década de 1990).


Fragmento de lápida sepulcral procedente también de la iglesia del Santo Sepulcro. Su campo está partido, con tres bandas en un cuartel (recuerdan a la familia de los Ponce), y cinco estrellas de ocho puntas en el otro. La atribución de este escudo a los Echávarri es evidente, ya que en el suelo del presbiterio del mismo templo hay una lápida sepulcral con las mismas armas, en la que se lee "LOS CHABARIS DE ESTA VILA DE ESTELLA AÑO DE MCCCCLXV".

El barrio del Santo Sepulcro, que en la práctica es continuación del barrio de los francos de San Martín, primeros pobladores de Estella, parece que, aunque poco poblado, tenía grandes edificios y palacios, y fue ocupado por las familias emergentes de origen navarro que tomaron el relevo a los francos, como lo demuestra el hecho de que los Ponce y los Echávarri tuvieran en ella sus sepulturas.

Los Echávarri continuaron inhumándose en este templo, y la rama de la familia que adoptó el apellido Eguía tuvo su sepultura en la iglesia de San Miguel.

El joven Nicolás, a los diecinueve años obtuvo de la reina doña Blanca la pecha de trigo, cebada y dineros de Piedramillera, para que así pudiera recuperar los 300 florines que importaban las medicinas que le había suministrado. Ejerció también como médico de la familia real, siendo enviado a Francia para que curara a la infanta Leonor de las heridas sufridas en un accidente.

Con el Príncipe de Viana mantuvo buenas relaciones, pero cuando en 1451 estalló la guerra entre los partidarios del Príncipe ("beaumonteses"), y los de su padre el rey Juan I ("agramonteses"), Nicolás se declaró por los segundos, lo que supuso su rápido encumbramiento. En 1453 el rey lo nombró Tesorero de la parte del reino sometida a su obediencia, cargo no muy apetecido (en 1450 los ingresos no bastaban para pagar a los funcionarios, y con la guerra el déficit aumentó de tal manera que en 1462 Nicolás llevaba adelantadas 22.500 libras), que ocupó hasta que en 1460 fue nombrado Maestro de Finanzas.

El mismo año de 1453 comenzó su relación con la Iglesia, figurando como abad de Santa Pía, abadía alavesa que le proporcionaba buenos ingresos y abundante prestigio. Cuatro años después, cuando fue encargado de poner en estado de defensa las villas y castillos de la frontera navarro-aragonesa, era Capellán Mayor y consejero del Rey.


Construcción auxiliar en el pueblo de Echávarri. Seis familias lo habitaban en 1366, aumentando a nueve en 1427, y la población fue creciendo hasta que en 1981 alcanzó los 230 habitantes. Desde entonces ha descendido progresivamente hasta los 50 que puede tener ahora, equivalentes a los que tuvo a finales del siglo XIV.

En el estado de guerra civil en que se hallaba Navarra, la inclinación del obispo era muy importante. Por eso el rey Juan I intentó poner a Nicolás (lo consideraba hechura suya) como obispo de Pamplona, pero la pretensión fue rechazada por el papa Pío II, quién nombró obispo al cardenal Bessarión, griego de nación, el cual tomó posesión por medio de su vicario general Juan de Michaelibus. La facción beaumontesa, y el arciprestazgo de Guipúzcoa, dependiente en lo religioso de Navarra y en lo político de Castilla, reconocieron sin tardar a Bessarión, lo que motivó que el Rey prohibiera bajo pena de muerte prestar obediencia al cardenal-obispo.

En estas circunstancias, Ferrando de Dicastillo, considerando la sede vacante, se autonombró Vicario General de la Navarra agramontesa, con lo cual cada facción tenía su propio Vicario. Esto hizo que el Papa excomulgara a los rebeldes, y que las villas de Estella, Sangüesa, Tafalla, Peralta, Falces, Los Arcos y Monreal fueran castigadas con el entredicho (1459).


La iglesia del pueblo, dedicada a la Asunción de la Virgen, es una construcción del gótico tardío (XVI), de nave rectangular de dos tramos con pequeñas hornacinas de arco apuntado, y cabecera recta, a la que se accede por una portada de arquivoltas lisas. Construida en sillarejo, tiene bóveda de terceletes con ligaduras.

A los pies del templo hay una curiosa torre-campanario de planta pentagonal, lados irregulares y terminación triangular, en cuyo vértice hay una pequeña cruz, y delante de ella, a modo de medallón, un disco con una estrella de siete puntas.

La muerte del Príncipe de Viana (28 de septiembre de 1461) forzó la renuncia del cardenal Bessarión y el nombramiento de Nicolás de Echávarri como obispo, cargo del que tomó posesión el 15 de julio de 1462. El acuerdo al que se llegó fue puro mercantilismo: Nicolás obtenía la facultad de arrendar los frutos de la mitra por cuatro años, conservaba la abadía de Santa Pía, así como los beneficios que poseía en Calahorra, y se le autorizó a percibir las rentas sobrantes del arcedianato de la tabla. A cambio se obligaba a pagar al cardenal Bessarión, mientras éste viviera, una pensión anual de 1.500 ducados.

Nicolás fue un obispo atípico. Sólo estaba ordenado de menores, y no había recibido ninguna formación eclesiástica sólida. Siempre había estado vinculado a las finanzas, la política, la diplomacia y la corte. Tenía hijos, y, además, se cree que cuando recibió el nombramiento estaba casado y aún vivía su mujer.


El retablo mayor de la iglesia (a ambos lados de él existen sendos retablillos de estilo barroco), de estilo romanista, es la última obra de Bernabé Imberto, miembro de una estirpe de retablistas-escultores de la ciudad de Estella. Construido hacia 1600, diecisiete años después del fallecimiento de Bernabé sus herederos aún reclamaban el pago del trabajo.

En el segundo cuerpo de la calle central puede verse la Asunción de Nuestra Señora, a la cual está dedicado el retablo y la iglesia.

El nombramiento de Nicolás supuso un gran triunfo para el bando agramontés (el papado compensó a los beaumonteses con el nombramiento de Carlos de Beaumont para la sede de Agde, en Francia): los cabecillas del cisma fueron rehabilitados, y el cabildo se llenó de canónigos de su facción. Pero Nicolás pronto debió comprender que era obispo de toda la diócesis, y que su misión esencial era procurar la paz. Por eso, sin dejar de desempeñar el cargo de Maestro de Finanzas del rey, se dedicó con ahínco a lograr la reconciliación de todos los navarros.

Luchó también por la libertad del cabildo para nombrar nuevos prebendados, estableciendo normas que impedían que los magnates impusieran sus candidatos, con frecuencia seculares y carentes de los requisitos canónicos exigibles, de lo cual él era un ejemplo evidente.


Bajo la advocación de Nuestra Señora de la Purificación, en la iglesia se conserva una imagen gótica de finales del siglo XIV, de madera policromada (fue repintada en época barroca) y factura francesa. Imagen del tipo llamado Andra Mari, la Virgen apoya su mano sobre el hombro del Niño, el cual, algo ladeado, se asienta sobre la rodilla izquierda. Conserva la corona original, algo que no es muy común.

Algunos autores consideran que fue la titular del monasterio de Iranzu, mientras que otros afirman que ya estaba en el pueblo antes de la construcción de retablo. En mi opinión, y tras observarla atentamente, creo que tienen razón los que creen que procede de Iranzu. Basta observar su mal encaje en el retablo para afirmar que ni se tuvo en cuenta a la hora de confeccionarlo, ni fue preparado para ella. Además, el hecho de que el retablo esté dedicado a la Asunción, y una escena de ésta aparezca en el punto más señalado del mismo, lo confirma.

Pero en aquella época el ser obispo no estaba reñido con los negocios. En 1462 obtuvo del rey el privilegio de los impuestos que pagaba la aljama judía de Estella, así como la posesión del castillo de Belmecher, con la posibilidad de dejarlo en herencia, enajenarlo, darlo o empeñarlo a quien quisiera. Dos años más tarde, en diversas partes de Navarra compró propiedades por valor de 1.500 florines de oro de Aragón y 1.000 florines de moneda corriente.

La princesa Leonor le donó a perpetuo la viña real de Irujo, así como otras piezas y tierras realengas en los términos de Luquin y Barbarin. En 1468, Isabel de Foix, esposa de Pierres de Peralta el Joven -el mismo que años más tarde lo asesinaría-, le vendió los 8.000 florires que se le habían asignado sobre la villa de Miranda, con todos los derechos que sobre ella tenía. El mismo año obtuvo de la princesa Leonor la confirmación de la pecha de Piedramillera a favor de su hijo Ximeno de Echávarri.


En la ladera del monte, al pie de las peñas de "la abuela" y "los picos", se hallaba la ermita de San Miguel. A pesar de que la foto es de hace unos treinta años, de ella no queda apenas nada.

Tampoco estaba reñido con la política (qué poco han cambiado las cosas en cinco siglos), en la que Nicolás desempeñó una intensa actividad, gracias a la cual en 1464 se llegó a una concordia entre Juan I y el bando beaumontés, con la que se daba fin a la guerra civil que asolaba Navarra desde 1451.

Pocos años después, junto con el conde de Lerín rescató la villa de Viana, desde 1461 ocupada por Castilla junto con La Guardia, Los Arcos y San Vicente de la Sonsierra. En represalia de este rescate, un contingente de Santo Domingo de la Calzada taló 9.000 peonadas de viña y árboles frutales en el término de Viana, desastre que la princesa Leonor intentó mitigar concediendo a la villa el privilegio de un mercado franco todos los miércoles del año.




La existencia de estas ménsulas pasó desapercibida al equipo que elaboró el Catálogo Monumental de Navarra. Correspondientes a la misma puerta, a la arriba puede verse una cruz y el sol, y abajo se ve el sol, la luna, una barra vertical que puede ser una lanza, una cruz, y un esquema de árbol con la copa en forma de A. Según los habitantes del pueblo, en este lugar estuvo la escuela, documentada en 1847.

A comienzos del siglo XX se construyó en el pueblo una Caja Rural, tiene un cementerio civil oculto en el monte, y hoy alberga una Residencia de Ancianos de reciente construcción.

No obstante su empeño, las concordias no eran duraderas. Así, cuando en 1468 Gastón IV de Foix y Leonor de Navarra quisieron reinar con entera independencia de Juan I, el condestable Pierres de Peralta el Joven permaneció fiel al Rey, y el obispo Nicolás de Echávarri se decantó por los Príncipes. Esto produjo la ruptura entre obispo y condestable, el cual era persona muy violenta, feroz, altiva y de carácter muy irascible. También el Rey se enojó, y Gómez Frías, capitán de Olite, apresó en Lerín al obispo, de cuya reclusión, no sin dificultades, lo liberó su hermano Juan Martínez de Eguía.

El mismo año, la princesa Leonor y las Cortes navarras dirigieron a Juan I un memorial de agravios, que el rey respondió de forma desabrida acusando de los males del Reino a la princesa y al obispo.

Doña Leonor nombró entonces a Nicolás consejero, y siguiendo sus instrucciones convocó Cortes Generales con el fin de poner medios radicales para acabar con las facciones y los odios. Las Cortes se reunieron en Tafalla, y en ellas el obispo condenó con toda amargura las luchas intestinas, anunciando, como años después sucedió, que de seguir así desaparecería Navarra como Reino, y que la culpa no correspondía al pueblo, sino a los nobles y poderosos. Dirigiéndose a su amigo Pierres de Peralta, le demostró que él era la causa principal que sostenía los odios, y que de él dependía el bienestar de Navarra.


Encima del pueblo, sobre una pequeña altura se halla la ermita de San Mamés. La gente del pueblo dice que antiguamente en su lugar se levantaba una torre defensiva.

Resentido, Pierres juró venganza, y se dispuso a capturar al obispo vivo o muerto. Leonor, que estaba hospedada en el convento de San Francisco de Tafalla, conociendo el carácter de Pierres, y enterada de sus deseos de venganza, llamó a Nicolás prometiéndole salvaguardia. Éste respondió que le perdonase, pero que no podía obedecer por hallarse en peligro su vida. Volvió a llamarle Leonor, ofreciéndole seguridades, y cuando el obispo se dirigía a su encuentro, a la altura de la iglesia de San Sebastián fue muerto a lanzadas y desvalijado por sicarios de mosén Pierres, quien presenció el asesinato.

El sacrílego crimen se perpetró el 23 de noviembre de 1468. A Pierres se le acusó de haber faltado a su juramento de arreglar pacíficamente las diferencias que con el obispo tuviera, y de haber utilizado a la princesa para asesinar traidoramente al obispo cuando este acudía a su presencia bajo su protección y seguridad.


Esta columna, conmemora en Tafalla en el lugar en el que Nicolás fue asesinado.

El Reino sufrió una gran conmoción al enterarse del asesinato. La princesa ordenó la detención de Pierres y los suyos. Sus propios amigos, y hasta su hermano bastardo Martín de Peralta, lo desafiaron públicamente y juraron vengar el crimen. El 4 de mayo de 1469, la Cortes y los príncipes mandaron sendas delegaciones para pedir a Juan I que hiciesen justicia, pero nada consiguieron.

El nombrado Vicario Capitular en sede vacante, lanzó una excomunión contra Pierres y sus cómplices, la cual fue confirmada por el papa Paulo II.


Estas gallinas seguro que no serán ningún negocio, pero alimentadas a base de maíz y trigo, a Francisco Javier Domeño y familia, a los cuales debo el conocimiento de las ménsulas de la antigua escuela, seguro que esos huevos les saben a teta de novicia.

Como estas condenas eran muy duras para la mentalidad de la época, mosén Pierres pidió el perdón papal, y el papa aprovechó el viaje a España del legado pontificio Rodrigo de Borja para que Pierres y sus cómplices sufrieran la penitencia y la humillación de ir desde la posada en que se alojaran, hasta la iglesia en que fueran citados, y en hora de máxima concurrencia, con la cabeza descubierta, los pies desnudos, en camisa y calzones, y, a excepción de Pierres, con una cadena de hierro al cuello. Una vez en la iglesia, de rodillas, y con unas velas de color negro en las manos durante todo el tiempo de la misa, pedirían humildemente perdón por su delito. El acto de humillación tuvo lugar en Valencia, y se repitió durante tres domingos consecutivos.


Granjas, almacenes, invernaderos, reformas de edificios, y chalés de tipo internacional, verdadera mansión principesca alguno de ellos, han hecho que el pueblo (hecho bastante general) haya perdido gran parte de su tipismo.

Además, si se organizaba alguna expedición general contra los turcos, Pierres y sus cómplices debían luchar por espacio de tres años. En cuanto a Pierres, en el mismo lugar del crimen debía levantar una capilla dedicada a San Nicolás, dotándola para que un sacerdote celebrara misa al menos dos veces por semana. Así mismo, se le obligaba a fundar en la catedral de Pamplona un aniversario perpetuo por el alma del obispo asesinado.

Aunque tardíamente, Pierres cumplió toda la penitencia: en 1480 solicitó personalmente al papa Sixto IV que le conmutase la penitencia de luchar contra los turcos por ir a la guerra de Granada, a lo cual accedió el pontífice; en su segundo testamento ordenó levantar la capilla, la cual a mediados del siglo XVII se describe como "de mediana extensión y modelo de aquellos tiempos, labradas sus paredes y bóvedas de piedra de sillería con tejado de losas contiguas e inmediatas a la misma bóveda" (hoy no queda rastro de ella); y hasta que llegó la Desamortización, a mediados del siglo XIX, se celebró el aniversario.


Situado enfrente de la iglesia, sobre la puerta del cementerio puede verse la parte superior de un crucero, sobre el que ninguna referencia existe en el Catálogo Monumental de Navarra.

Para justificar el asesinato, las gentes de Pierres difundieron el infundio de que la relación del obispo y la princesa no era todo lo honesta que debiera ser. Para la mentalidad del pueblo, esta calumnia se vio desautorizada por un hecho milagroso que presenciaron y recogen los cronistas de XVII y del XVIII. Dicen éstos, que sobre las losas del tejado de la capilla nació un almendro muy copioso que daba sombra al camino, y que el celo de algún alcalde, talándolo, no pudo con él. El almendro tenía la particularidad de no haberse helado jamás, y de haber dado siempre copioso fruto.


Firma del obispo Nicolás de Echávarri

Por aquellos tiempos comenzaron a circular leyendas. Así, en 1914 Arturo Campión recogió de labios de un labrador de Olite, que "no habiendo en Navarra ningún cura ni fraile que pudiese echar la absolución, Pierres se dirigió a Roma. Allí los cardenales y obispos no le quisieron absolver. Un hombre de aquella tierra, muy agudo le dijo cómo tenía que habérselas para que nada menos que el papa le diese la absolución. Siguiendo sus consejos, un día que el papa venía paseando por la orilla del río, Pierres se echó al agua, y sus criados y otras gentes, allí apostados a propósito, comenzaron a alborotar gritando ¡Padre Santo, un hombre se ahoga, dignaos echarle la absolución, pues no sabemos si le sacaremos con vida! El Papa se acercó al sitio y le bendijo diciendo en voz alta, de modo que todos le oyeran: Yo te absuelvo, siempre que no seas mosén Pierres el de Peralta"

Leyendas aparte, este asesinato fue el factor que determinó el cambio de bando de la familia Eguía, influyendo decisivamente en la toma del castillo de Estella por las tropas de Fernando el Católico en el año 1512.

Nota 1: Nada se sabe de los descendientes directos del obispo, y aunque se ignora la relación que con él puedan tener, rastreando la monumental Historia Eclesiástica de Estella, de José Goñi Gaztambide, puede leerse que en 1566 los parroquianos del Santo Sepulcro se quejaron al alcalde, Nicolás de Eguía, de que Jaime de Echávarri, vecino de Estella, sucesor de los bienes de Miguel de Eguía, especiero, y de Catalina de Cabezón, viuda y madre del citado Jaime (todo parece indicar que Catalina enviudó dos veces), hacía siete meses que no entregaban aceite de buena calidad para la lámpara del Santísimo. A cambio entregaba aceite de Caracas (?) y de ballena, por lo que la lámpara se apagaba con frecuencia.

En 1609, el fiscal abrió una información sobre Juan de Echávarri por una cantidad muy grande de piedra del castillo (había sido volado recientemente) con destino a una casa que estaba construyendo en Estella.

En 1617, los parroquianos del Santo Sepulcro escogieron como párroco a Gregorio de Echávarri, presbítero y beneficiado de San Pedro de Larrúa.

Nota 2: Hoy, el apellido Echávarri está bastante extendido en Navarra, y entre las personas más conocidas que lo llevan encontramos a José Miguel Echávarri, manager ciclista, y a Luis Echávarri, director general de la Agencia de la Energía Nuclear de la OCDE.

También desciende de Tierra Estella Fernando Echávarri, Medalla de Oro en vela en la clase Tornado en las Olimpiadas de Pekin de 2008. Un miembro de la familia Echávarri, natural de Galdeano (valle de Allín), emigró a Cuba, donde trabajó en la construcción y obras públicas con Félix Huarte. De allí reclamó a un hermano suyo, carbonero, como todos los miembros de la familia, el cual hizo fortuna en el comercio. Regresó a España y se estableció en Estella, donde sus hijas se casaron con el Dr. Julio Pozueta y con Florentino Eguaras, heredero de Casa del Santo, una de las tiendas más antiguas de España (desde 1750 llevan abiertas sus puertas). Conocida la familia como "los cubanos", su hijo José Echávarri Senosiáin abrió farmacia en Toledo, donde casó con una toledana. Nieto suyo es el regatista que en Pekín consiguió el Oro. 

En su versión Chávarri es raro encontrarlo en Navarra y cuenta con gente de prestigio como el director de cine Jaime de Chávarri, o el político vasco González de Chávarri. También llevan este apellido los marqueses del Gorbea y de Águila Real.

Nota 3: La palabra Echávarri no deja de ser una anomalía en Navarra, pues corresponde al dialecto vizcaíno, mientras que en el dialecto común a Tierra Estella la versión correcta sería Echeverri(a). Apellido muy común en la zona, compuesto de los vocablos vascos Eche (casa), verri (nueva), a (artículo "la").

Nota 4: Es evidente, que todos los que llevan el apellido no proceden del mismo tronco, ni de las poblaciones navarras, ya que con el mismo nombre, en sus variantes Echávarri, Chavarri o Txábarri, existen cuatro poblaciones en Álava y una en Vizcaya.

Para saber más:
            "Apuntes sobre la Historia Antigua de Estella" por el P. Sebastián Iribarren.
            "Catálogo Monumental de Navarra", Tomo II.
            "Emblemas Heráldicos en el Arte Medieval Navarro", por Javier Martínez de Aguirre y Faustino Menéndez Pidal.
            "Estrella cautiva, o Historia de la ciudad de Estella", por Francisco de Eguía y Beaumont.
            "Gran Enciclopedia de Navarra"
            "Historia de los obispos de Pamplona", por José Goñi Gaztambide.
            "Imaginería Medieval Mariana", por Clara Fernández Ladreda.

Estella, noviembre de 2004

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