Castillos y murallas de Estella:

Castillo de Lizarrara, Mayor, Zalatambor, Belmecher, y La Atalaya (I)

En este trabajo, dividido en tres partes, trataré de las murallas de la ciudad e intentaré abrir luz sobre el número, nombre de sus castillos, sus características y los hechos más relevantes que ante ellos se dirimieron. Dejo para otra ocasión profundizar en la conquista de Estella por las tropas navarro-castellanas que en 1512 incorporaron Navarra a la Corona de Castilla.



En el punto más alto de la peña donde se asentaba el Castillo Mayor de Estella vemos hoy una cruz de hierro. Es posible que fuera colocada para indicar el lugar en el que se hallaba la torre del homenaje del inexpugnable castillo. En 1886 dijo de ella Pedro de Madrazo (“Navarra y Logroño”): «donde se alzaron (…) el fuerte castillo y su palacio real, hoy no verás sino la enhiesta y desnuda peña que les sirvió de asiento. La cruz de hierro que lleva en su cúspide, sólo señala el triste término de aquella pasada grandeza».

Estella contaba en la Edad Media con cuatro castillos, tres de ellos unidos por murallas, configurando la población más y mejor fortificada de Navarra, inexpugnable por sus defensas roqueras.

Como «el más noble enclave de los navarros» la definió el arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada (ca. 1170 - 1247), y Pedro el Venerable, abad de Cluny, la elogió hacia 1141 de esta manera: «Hay en tierras de España un noble y famoso castillo, que por lo adecuado de su situación y fertilidad de las tierras próximas, y por la numerosa población que lo habita, en todo lo cual supera a los castillos que le rodean, estimo que no en balde se llama Stella».



Sobre un mapa de Google, lugar donde se encontraban los castillos y fortalezas sobre las que trataré en este trabajo.

A partir de que Sancho Garcés (905-925) conquistara a los moros el castillo de Monjardín y extendiera sus dominios hasta la Rioja Alta, la zona se pobló de rudimentarias torres exentas, emplazadas sobre peñas de difícil acceso, formando una cadena visualmente comunicada que defendía el núcleo del Reino.



En el Castillo Mayor hay varias luminarias o cazoletas para poder hacer señales con aceite ardiendo, y comunicar, entre otros, con el castillo de Monjardín, que vemos sobre el horizonte. Excavadas en la roca y con un canalillo de desagüe, Alberto Monreal cree que este tipo de luminarias proceden de época prehistórica, lo que debe ser cierto, pues estas cazoletas son anteriores al castillo, el cual contaba con una torre «do solían ser las sobreseynnales de los de Baztán».

Una de las primeras se debió levantar en el angosto paso que permitía la entrada al valle de la actual Estella, por donde pasaba una antigua ruta trashumante que comunicaba la Ribera estellesa con la sierra de Andía.

Torre a la que durante el reinado de Sancho Ramírez (siglo XI) se solaparía un castillo con torres y murallas, fosos y plaza de armas, al estilo de los de Loarre, Montearagón y Alquézar, los cuales, especialmente el primero, pueden ayudarnos a hacernos una idea de cómo era el Castillo Mayor de Estella.



En primer plano, desnudos de hojas, los árboles junto a los que discurre el río Ega. Sobre una pequeña terraza, la iglesia de San Pedro de Larrúa, y, tras ella, las peñas sobre las que se asentaban dos de los castillos; a la izquierda, la menor, donde estaba Zalatambor; a la derecha, la mayor, donde estaba el Castillo Mayor; al fondo, Villatuerta, y entre las peñas y ese pueblo, sobre una pequeña eminencia, el lugar donde estaba Belmecher.

Perdida Nájera para el reino navarro hacia 1134, la fortaleza estellesa fue el centro desde el que militar y administrativamente se organizaba el Suroeste navarro. Ante ella se estrellaban las fuerzas castellanas que intentaban conquistar Navarra una vez rebasada la primera línea de castillos establecida en la actual Rioja alavesa y en las sierras de Codés y San Gregorio.

Era, por tanto, en una época en la que Pamplona carecía de castillo y no tenía un amurallamiento homogéneo, la principal defensa del reino navarro.



A la izquierda, coronado por unos árboles que a distancia parecen restos de muralla, el peñón donde algunos ubican el castillo de Liçarrara; a la derecha, la peña donde creo que estuvo, pasando a llamarse, sucesivamente, Liçarrara, Castillo Viejo y Zalatambor o Zaratambor. La muralla, con la Puerta de Castilla, cierra y protege esta parte de la ciudad. Foto cortesía de Tere Labayru.

La primera mención a una fortaleza en Estella figura en un documento de donación (año 1024) al monasterio de Irache, donde se cita a Ximeno Ogoaiz, «tenente del castrum de Liçarrara».

Castrum o castillo que basándose en la existencia de una lápida romana empotrada en los muros de la iglesia de San Pedro de Lizarra, José Mª Jimeno Jurío (“Informe sobre los nombres de Estella”) lo considera existente «por lo menos desde la romanización», y diversos autores lo sitúan junto a la basílica del Puy, donde Francisco de Eguía (“Historia de la ciudad de Estella”, año 1644) dice haber «un peñón muy elevado (…) que sojuzga la ciudad. Y los dos brazos o remos del peñón, que discurren cosa de ciento cincuenta pasos, caminan en forma de murallas o trincheras con fosos anchos y profundos».

Peñón del que no queda rastro, pues a comienzos del siglo XX fue desmontado (se puede ver una fotografía en mi trabajo sobre El Puy) para hacer la actual explanada.



Vista, desde la colina del Bell-viste, de los tres castillos principales. A sus pies se ven las tres parroquias de la ciudad: San Miguel Arcángel, San Juan Bautista y San Pedro de Larrúa.

Abunda en ello Baltasar de Lezáun y Andía (“Memorias históricas de la ciudad de Estella”, año 1698), cuando dice: «Esta villa (Lizarra) fue muy grande fortaleza con murallas, que la cercaban toda; y a más un Castillo en un zerro próximo a la Basílica de Ntra. Señora del Puy, de cuyas murallas y fortaleza aun el transcurso del tiempo no ha borrado sus vestigios, y sin mucha dificultad se reconocen los zimientos, y parte de Baluartes».

También participa de esa opinión José Goñi Gaztambide (“Historia eclesiástica de Estella”): «De todas formas, si no podemos cambiar de sitio la villa de Lizarra —y la iglesia actual nos fija su situación—, no parece admisible que se diga que el castillo de esta villa estaba lejos, al otro lado del río y en una peña, desde la que poco o nada podrían hacer por proteger la villa original».



En el Castillo Mayor, en la parte superior se pueden ver, a modo de muñones, los restos de algunas de sus torres. En la parte inferior, excavados en la roca, lo que se cree eran sus caballerizas.

De esos tardíos testimonios y opiniones parece deducirse que en la colina del Puy estuvo el castillo de Lizarrara. Pero no está nada claro que así fuera, pues en la “Colección diplomática de Irache”, el año 1076 se cita la existencia de un «burgum subtus illo castro de Liçarrara, a radice de illa pinna de illo castro» (burgo debajo del castillo de Lizarrara, al pie de la peña de aquel castillo), en el que Irache tiene un solar edificable que cambia a San Juan de la Peña por una pieza en Oteiza de la Solana.

Este documento indica -contra de lo comúnmente admitido- que el burgo de San Martín, origen de Estella, existía antes de la concesión del fuero en 1090, y que el castillo que estaba sobre ese burgo recibía el nombre de Liçarrara.



Excavadas en la roca, lo que se cree que eran las caballerizas del castillo. Con claridad se ven los alojamientos de las vigas de un piso.

Lo confirma José Mª Lacarra (“Las peregrinaciones a Santiago de Compostela”): «la nueva población (de Estella) se estableció en un paraje pintoresquísimo, al pie de una roca donde había un castillo antiguo, y a orillas del Ega».

Por si esas discrepancias no fueran suficientes, Jimeno Jurío (“Estella-Lizarra. Toponimia”) parece corregirse cuando cita una casa «tenent de part deuant de la carrera publiqua ata la pena del castel uieyll, qui es de part derrer (1333)». Otra «casa teniente con casas y de part detras con la peynna del castieyllo bieio de la dita villa, et tenient de part delant con la cayll publica (1398)». Y una tercera «casa en la calle llamada Rúa Mayor, teniente de la part de çaga con la penya del Castillo Viejo (1482)».



Peñas mayor y menor donde se alzaban los castillos Mayor y Zalatambor o Zaratambor, respectivamente. A los pies de éste, los tejados de los edificios del primer burgo de Estella.

«Se trata –sigue Jimeno Jurío- del primitivo castillo de Lizarrara, sobre la peña que domina la Rúa, no del Gazteluzar (castillo viejo, en euskera) documentado en el siglo XIII: Viña y cimaquera en el termino de Galçariz en Gazteluçarr [...] tenent con t'erm d'Arandigoyen" (1283). Vinna e cimaquera que es clamada de Gaztelu Çarra (1295).

El paraje, y la construcción de que tomó el nombre, estaban en el extremo oriental del término, junto al yermo de Arandigoyen. Se trata de un paraje diferente del "Castillo viejo" que dominaba el Burgo de San Martín», concluye Jurío.



Otra imagen del primer burgo de Estella, al pie de la peña menor, con un pequeño resto de muralla en el recuadro.

¿Era este Castillo viejo el que según José Mª Lacarra levantó Sancho Ramírez cuando desvió el Camino de Santiago? ¿Era el mismo que siglos antes se llamaba de Liçarrara? ¿Existían en el siglo X los castillos de Estella y Lizarra, como señala Lacarra en “Expediciones musulmanas contra Sancho Garcés”?



A ambos lados de la carretera, las dos peñas. Señalada con una flecha amarilla, la menor, donde estuvo el Castillo Viejo o Zalatambor. A sus pies, entre la peña y el río, el burgo que dio origen a la ciudad. Fotografía tomada de “Castillos que defendieron al reino”, de Iñaki Sagredo.

Florencio Idoate, en el tomo III de “Rincones de la historia de Navarra”, cree probable que en aquella temprana fecha «ese burgo no tuviera inicialmente un nombre, antes de quedar fijado el de “burgo de San Martín”. Del mismo modo, no sería extraño que tampoco el castillo contara en sus orígenes con una denominación definida, y que posteriormente fuera conocido como “castillo de Estella” ...

En resumen –concluye-: se construyó primero el castillo y luego se le puso el nombre; se construyó primero el burgo y luego vino la sanción oficial con el nombre».



Antigua fotografía en la que se ve la muralla de la ciudad con la Puerta de Castilla; tras ella, la iglesia de San Pedro de Larrúa, y, junto a ésta, la peña menor donde estuvo el Castillo Viejo o Zalatambor.

Pero la duda de D. Florencio permanece: «En 1084, como si nada hubiera ocurrido, sigue figurando como “dominador” de Lizarra (señor del castillo de Lizarra) Gimeno Garcés (probable miembro de la familia real).

Tres años después, en 1087, un Gimeno Garcés aparece como encargado del que parece nuevo castillo de Andosilla. Lizarra no aparece, pero sí, por primera vez, el “castillo de Estella”. Su señor es Lope Arnal».



Restos del Castillo Mayor. En lo alto se observa la cimentación del donjón, o torre del homenaje, donde ahora se yergue la Cruz de los Castillos.

«A partir de este momento, lo habitual es que sea el castillo de Estella el que figure en la documentación. ¿Si Lizarra y Estella fueron dos denominaciones del mismo castillo, por qué al cambiarle el nombre fue sustituido también Gimeno Garcés, que había estado al frente del mismo tantos años? ¿Mandaron a Garcés a Andosilla al perder importancia el castillo de Lizarra por la construcción de un nuevo castillo y ciudad?...

En definitiva, parece que tuvo que haber dos castillos, uno viejo en la colina que luego se llamó del Puy, y otro nuevo, emplazado sobre las peñas que dominaban el burgo de San Martín», opina D. Florencio.



Fotografía de principios del siglo XX de las peñas mayor y menor antes de que se hiciera la carretera y se plantaran de pinos. El edificio más próximo a ellas, con los huecos de la primera planta enmarcados con cal, es la casa de Jorroyos, a donde casó Silverio Hermoso de Mendoza y Jaurrieta, bisabuelo del rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza. A la derecha, sobre el arranque del dinamitado puente de la Cárcel, o de las Berzas, un depósito de la tintorería de Erce.

En mi opinión, toda esta confusión deriva de pensar que Lizarra y Lizarrara son nombres que designan el mismo enclave, lo que no está demostrado, y bien pudiera ser que cada uno de ellos respondiera a dos realidades y lugares diferentes.

Es muy posible que el castillo cuyas ruinas se apreciaban en el siglo XVII sobre la colina del Puy, fuera posterior y nada tuviera que ver con el castillo de Liçarrara, que en los siglos XIV y XV es llamado Castillo viejo, y también Zalatambor o Zaratambor, situado sobre la peña menor que domina la actual calle de Larrúa.



Situación de los castillos y fortalezas con que contaba esta parte de la ciudad. Según García Arancón (Teobaldo II), desde el castillo se marcaba el ritmo de la ciudad, y a toque de cuerno comenzaba la actividad una vez finalizado el descanso semanal que solía durar desde el sábado a la puesta del sol hasta el domingo después de las vísperas.


Dejando a un lado la controversia, veamos qué se dice del Castillo Mayor y de aquellos cuyo nombre la tradición ha conservado: Zalatambor o Zaratambor, Belmecher o Belmechete y La Atalaya.

Comencemos por La Atalaya, sobre la que nunca se han suscitado dudas. Se trataba de una torre de vigilancia, de unos 11 por 4 metros de planta, desde la que se oteaban los alrededores. De ella partía una muralla que la unía con Belmecher, de la que se conservan restos de dos pequeñas torres cuadradas.

Su construcción, al final del cordal calizo, a una cota de 550 metros y con una caída de unos 20, dificultaba que esa pequeña roca fuera utilizada para atacar los castillos desde una cota superior.



En lo alto de esta peña estaba la torre de vigilancia La Atalaya.

Respecto al Castillo Mayor, al de Zalatambor o Zaratambor, y al Palacio Real, existe una antigua confusión. La mayoría de los autores creen que se trata del mismo edificio, situado en la peña mayor, mientras que una minoría piensa que el Palacio Real y el Castillo Mayor estaban situados al pie de esa peña, en lo que hoy es una pieza de labor.

Pieza de labor que en el siglo XIII no pertenecía al castillo, pues el año 1265, siendo viña, la compró Teobaldo II a Johan Gros, y junto con la iglesia de (Santa María de) Todos los Santos la entregó a dos frailes de la orden de Grandmont para que fundaran un convento.

Dejando a un lado, por inconsistente, la opinión de Julio Altadill en “Castillos medioevales de Navarra” («Los menos importantes de los castillos afectos a la ciudad de Estella fueron los de Zarapuz y Zalatambor, hoy extinguidos, inmediatos a Noveleta»), veamos lo que dicen otros historiadores.



Muro de La Atalaya sobre la cima de la roca.

Juan José Martinena Ruiz (“Castillos reales de Navarra”) señala que debido al desarrollo del burgo y a su importancia, «en la peña menor, que se eleva sobre la actual calle de la Rúa, a modo de complemento de la vigilancia se dispusieron dos pequeñas torres cuadrangulares, unidas entre sí por un recinto amurallado.

El Castillo Mayor –continúa- se situaba entre las dos peñas que presiden esa orilla del Ega. En un contrato de cesión de una casa al monasterio de Irache, en 1377 (…), a la hora de delimitar concretamente el emplazamiento de la casa, se dice: ... tenient de partes detras con la peyna del castieillo mayor, et tenient delant con la carrera publica».



Plataforma donde estaba la torre de vigilancia La Atalaya. Desde ella se divisa La Solana, y el valle de Santesteban, por donde llegaban las fuerzas moras y castellanas que avanzaban hacia el corazón de Navarra, para cuyo objetivo era indispensable la toma de Estella.

El mismo autor cree que la edificación del castillo de Belmecher, en un altozano próximo, debió exigir la construcción de una nueva muralla que uniera las fortalezas y cerrara el espacio intermedio (como veremos en una fotografía de la tercera entrega, ese espacio intermedio lo cerraba la muralla de la ciudad, no la del castillo).

Murallas que debieron ser de gran grosor para poder salvar los fuertes desniveles topográficos con el fin de conseguir un gran espacio llano donde edificar el palacio real, y que por su gran altura (entre los castillos navarros, nos dice, «una de las alturas más considerables que he podido encontrar ha sido en el castillo mayor de Estella, uno de cuyos muros se reconstruyó en 1362 en un tramo de 50 codos –cada codo tenía algo más de 51 centímetros- con 29 de elevación») ocultarían la visión del castillo original, formando ante él dos nuevas líneas defensivas, situadas a 505 y 495 metros de altitud, respectivamente, mientras que la muralla original estaba a 510 metros.



Pequeña torre del muro que comunicaba La Atalaya con Belmecher, cerrando por el Este el recinto de los castillos.

Pedro de Madrazo (“Navarra y Logroño”) nos dice: «el castillo, que era la fortaleza más famosa de Navarra, tenía en aquel alto inaccesible, donde la hacia inexpugnable la misma naturaleza, además de sólidas cortinas, cubos y galerías, tres fuertes avanzados, que eran el Zaratambor, el Belmecher y la Atalaya. Dentro de su recinto murado estaba el palacio real: la parte habitada de este palacio se hallaba en la vertiente menos áspera de la montaña o más bien del peñasco, donde aún subsiste la real capilla, después parroquia de Santa María…» -sobre la que hay un trabajo en esta Web-.

Y Yánguas y Miranda (“Diccionario de antigüedades del reino de Navarra”) afirma que el castillo mayor, y, por tanto, la residencia real, estaba en Zalatambor.



La torreta que hemos visto en la fotografía anterior, y otra más abajo, marcan la línea de muralla que las unía a Belmecher, castillo situado en la plataforma que se ve encima de la finca cultivada.

Confusión que José Goñi Gaztambide disipa cuando dice: «solo en los últimos años del castillo se puede apreciar una cierta confusión en la que al todo —el Castillo Mayor— se le llame por la parte, Zalatambor. Zalatambor era una fortaleza, una categoría menor que la de castillo. En el testamento que en 1489 deja el merino de Estella y camarero mayor de los reyes de Navarra, Lope de Baquedano, se refiere al tiempo en que ha tenido encomendado por los reyes de Navarra el Castillo Mayor de Estella y la fortaleza de Zalatambor».

Y -continúo yo- el palacio real estaría dentro de las dependencias del Castillo Mayor, sobre la peña en la que se yergue la Cruz de los Castillos.



Peña menor, donde estaba el Castillo Viejo o Zalatambor, vista desde la torre de San Pedro de Larrúa.

A mayor abundamiento, Johango de Lizarazu percibió en 1379 la cantidad de 50 florines por haber guardado los tres castillos de Estella desde que dejó la guarda Bertrucat de Labrit hasta que se le confió a Rodrigo de Arellano.

Tres castillos: Mayor, Zalatambor o Zaratambor y Belmecher o Belmechet, por orden de importancia si nos atenemos a lo que cobraban sus alcaides (entre 1276 y 1494, en el Castillo Mayor hubo 29 alcaides, 27 en Belmecher, y 15 en Zalatambor, lo que no indica que fueran personas distintas. Tengamos en cuenta que hasta 1328 era habitual que el merino gobernara el Castillo Mayor y el de Zalatambor, y desde las últimas décadas estaba también al cargo de Belmecher). ¿Qué fue del castillo de Lizarra? ¿Realmente existió? Queda la duda.



La misma peña, vista desde el Este. A la derecha se aprecian restos del muro del castillo de Zalatambor.

Si hubo un Castillo Mayor, parece evidente que debió de existir un castillo menor. Descartado que fuera el de Belmecher, del que a continuación trataré, cabe la posibilidad de que fuera el castillo viejo, posteriormente conocido como Zalatambor o Zaratambor.

Separemos el nombre en sus dos componentes (zala o zara y tambor). Respecto al primero, Alfonso Irigoyen, Luis Michelena y Mikel Velasco opinan que Sal(h)a (Sahla, para Belasko) es voz vasca que significa palacio, y Julio Caro Baroja tiene la misma opinión cuando nos dice que Sala significa, indistintamente, cortijo, casa o palacio, aunque –aclara- muchos nombres de lugar en Navarra, en los que entra el componente sala, proceden de sarats = sauce.

Sobre el segundo, María Moliner nos dice que en el árabe-hispano se daba el nombre de tambor a una pequeña defensa circular que se colocaba delante de las puertas de las murallas.



Las dos peñas sobre las que se asentaban el Castillo Mayor y Zalatambor. Según Iñaki Sagredo, «resulta sorprendente contemplar un castillo de la importancia de Estella, aferrándose a unas peñas inaccesibles, algo inusual en castillos ubicados en poblaciones».

Según lo antedicho, su significado podría ser “la defensa del palacio”, lo que no parece lógico. Pero si tenemos en cuenta que zar es palabra vasca que significa “viejo”, y observamos que sobre la peña menor hubo una antigua torre de vigilancia, bien podría significar “la vieja defensa” o “el tambor viejo”, que en lenguas derivadas del latín nos daría el castel uieyll de los primeros documentos, y, en una mezcla de romance y vascuence, el Zalatambor o Zaratambor [Zar-a tambor = el viejo tambor, literalmente] con el que después fue conocido.

A mayor abundamiento, si tenemos en cuenta que Zarapuz, término con el que hay proximidad física y una evidente relación histórica, significa “el viejo pozo”, no parece aventurada la interpretación que acabo de hacer.

Y aunque el orden del nombre y el adjetivo no es correcto (en euskera, si no estoy equivocado, el adjetivo va detrás del nombre), puede ser obviado; lo que no llego a comprender es que un reducto tan pequeño (20 por 5 metros, según Sagredo) pudiera estar gobernado por su propio alcaide.



Francisco de Eguía y Beaumont, en su “Historia de la ciudad de Estella”, escrita en 1644, dice: «en el Castillo antiguo, que está sobre la ciudad, hay una hermosa Cruz de yerro bien labrada, con gran cantidad de reliquias, que desvanece los nublados». Hoy día no hay reliquias, pero se da un hecho curioso: cuando se avecina un brusco cambio de tiempo, se inclina (gracias, Mª Ángeles, por haberme avisado) sobre la ciudad como si quisiera protegerla. Podemos comprobarlo comparando las fotografías de la izquierda y la derecha, tomadas respectivamente el 30 y el 25 de marzo de 2010. Sería interesante que algún físico investigara a qué se debe esa capacidad de actuar como si fuera un barómetro.

Finalizo esta primera parte mostrando mi coincidencia con Iñaki Sagredo cuando (“Castillos que defendieron el Reino”) opina que el castillo mayor estaba en la Cruz de los Castillos, y Zalatambor sobre la peña menor.

Peñas, mayor y menor, formadas por calizas lutecienses, de 516 y 476 metros de altura, que se desploman sobre la ciudad con unos desniveles de 96 y 55 metros, respectivamente.

(continuará)

Enero 2011

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© 2005-2012 Javier Hermoso de Mendoza