BARRIADAS DEL PUY DE ESTELLA

El año pasado por estas fechas, la revista de fotografía "El Ángel Caído" me pidió un reportaje sobre alguna tradición de nuestra ciudad. Tuve que improvisar echando mano de las fotografías que días antes había tomado de la "barriada" de la calle del Puy. Pasado un año, con más documentación y nuevas fotografías ofrezco el siguiente reportaje.


Antonio Jordana recrea en la barriada de la calle del Puy de éste año al antiguo pregonero municipal.

"Pan, patán, paratapán, seis reales me dan, aguardiente, queso y pan" era el estribillo con el que los niños coreábamos el redoblar del tambor del pregonero cuando éste anunciaba la barriada.

Procedía de los tiempos en los que Vergara, primero, y Donato Castejón hasta su jubilación, ataviados de gala acudían a las solemnidades o anunciaban al vecindario los bandos del Ayuntamiento: "El Alcalde de esta ciudad hace saber, que..."


Con la calle del Puy engalanada con banderolas, los vecinos comienzan a concentrarse detrás del tambor para iniciar la subida a la basílica.

Para su diario trabajo, el traje de faena y el sonido de una corneta de cabrero bastaba para anunciar a voz en cuello cosas tan prosaicas como "¡Merluza, besugo, sardina..., en Pescadería...!" Eran tiempos en los que el común de las familias no compraba la prensa, no tenía radio, y se enteraba de las noticias locales a través del comentario de la vecina o la voz del pregonero.

Cuando en 1950 cogió el testigo Felipe Vidaurre, carpintero municipal, el estipendio por anunciar la barriada había aumentado hasta las dos pesetas y media, el cual fue subiendo hasta alcanzar las 60 pesetas cuando en 1966 participó en la última barriada.


Hornacina de la calle, con un lienzo en el que se representa a la Virgen del Puy y al Apóstol San Andrés, patronos de Estella.

Las barriadas eran el homenaje que las calles de la ciudad, durante "el mes de las flores", rendían ante la patrona de Estella, la virgen del Puy. Ocasión que aprovechaban para rezar por los vecinos difuntos e impetrar el bienestar de los vivos.

Una semana antes del día señalado el pregonero recorría la calle redoblando el tambor, tomando como punto de inicio y fin el domicilio del Prior. Persona que el año anterior había sido elegida por sus convecinos para organizar la barriada.


Esta columna, que ocupa el lugar de la antigua capilla de la virgen del Camino (ver foto 8b del reportaje "El Puy"), recuerda el hecho de unos ladrones que, perpetrado el robo de la imagen, fueron retenidos por una fuerza sobrenatural, y hallados a la mañana siguiente por los fieles la justicia local les cortó las manos, las cuales se colocaron sobre un poste que con el paso del tiempo fue sustituido por la actual columna.

Pasada la semana, la víspera de la fecha tradicional el pregonero volvía a recorrer la calle convocando a golpe de tambor a los vecinos, y desde el domicilio del Prior precedía a la comitiva en la subida al santuario.

Al comenzar la dura cuesta guardaba silencio, retomando su redoble al llegar a la capilla de la virgen del Camino, próxima ya a la meta, desde la cual las campanas del Puy les acompañaban con su repicar.


Patio de la basílica. Único elemento constructivo que recuerda a la iglesia derribada a principios del siglo XX.

Al llegar al patio de la basílica el sacerdote salía a su encuentro, y entraban en la iglesia para rezar la Salve.

Mientras tanto, los niños acarreaban material para hacer una hoguera cuya pira quemaban y saltaban con gran alboroto.


Fotografía de la barriada de la plaza de Los Fueros de hacia el año 1953. Con el pregonero Felipe Vidaurre repartiendo el pan y el queso, los estelleses de mi edad podrán reconocer a Echeverría, Barrena, Santamaría, Oswaldo Sotes, Julio Ros y Pedro Campos entre los adultos, y a José Isaba, Vergara, Rufino "el del campo de fútbol" -luciendo un peinado muy actual-, entre los niños.

Acabada la Salve, entre pequeñas riñas y empujones los niños porfiábamos por ser los primeros en recibir del pregonero el trozo de queso y el pedazo de pan acostumbrado. Un verdadero manjar para casi todos, que sólo lo probábamos en las barriadas y en alguna ocasión extraordinaria.

Acabada la víspera el pregonero encabezaba la bajada hasta la casa del Prior, el cual obsequiaba a pan, vino y queso a los adultos que le habían acompañado.

Al día siguiente, domingo o fiesta de guardar, al son del tambor se volvía a subir al Puy para acudir a misa de nueve. Este día no había obsequio para los niños, y eran los adultos los que se agasajaban con pastas, anís, moscatel y mistelas.


Como puede verse en esta fotografía, ahora los niños no porfían por el queso, sino que son los adultos quienes lo disfrutan. Entre los asistentes puede verse a alguno de los niños de la fotografía anterior.

Terminada la libación, el pregonero se dirigía a la casa del vecino que había sido elegido Prior para la barriada del año siguiente, y daba a conocer el nombramiento con un redoble de tambor.

Así era la barriada tradicional, hasta que hacia el año 1954 todas las celebraciones pasaron de casa del Prior a una de las dependencias anejas a la basílica, y por las mismas fechas desaparecieron las hogueras en el Puy


Al regresar a la calle, ésta se llena de gente que toma un pincho de chistorra aquí, otro de panceta allá, un champiñón acullá, un caracol más abajo. Todo ello regado con buen vino.

Ignoro la razón por la cual las barriadas eran algo exclusivo de Lizarra y de otras calles del barrio de San Juan, sin que se conozca que existieran en los barrios de San Miguel y de San Pedro.

(Puesto a especular, es probable que, en origen, para superar una sensación de inferioridad social arraigada en el subconsciente colectivo de los ciudadanos de origen navarro, subían a homenajear una imagen francesa, mientras que los de origen francés y asimilado, se quedaban en su casa porque pertenecían a la élite ciudadana)

Las comenzaban los de Lizarra, los cuales subían el domingo del Patrocinio de San Joaquín, celebrado tres semanas antes de la Ascensión. Les seguían las calles de Carpintería (antes Pilar o Hermoso de Mendoza), plaza de Santiago (siempre el domingo de la Ascensión), Calderería, Navarrería, Comercio (siempre el día del Corpus), Nueva, plaza de los Fueros, y Mayor, la cual se subdividía en tres tramos: de plaza de Santiago a Baja Navarra, de ésta última a callizo de los Gaiteros (o portalete de Modet), y de éste callizo a Sancho Ramírez. Otro tramo de esta calle, que ahora recibe el nombre de Zapatería, junto con Sancho Ramírez (antes Carreteras) celebraba la barriada llamada de San Fermín.

Al finalizar el primer tercio del siglo XX se les unieron las calles Baja Navarra, Estación (actual San Andrés) y Andén (actual Inmaculada), todas ellas, también, del barrio de San Juan.


Al personal se le hace la boca agua viendo y oliendo unos champiñones que en breves momentos pasarán a su estómago.

Las últimas barriadas de la época histórica fueron la del Andén y la del sector de la calle Mayor comprendido entre Baja Navarra y Gaiteros. En ésta última, con Luis Gómez de Segura como Prior (según recordaba "Ordóiz" en la revista de fiestas de Zunzarren de 1981, de la cual he tomado gran parte de los datos anteriores), se gastaron 464 pesetas: 70 para el pregonero, 114 en queso, 64 en pastas, 50 en mistela, 35 en moscatel, y 75 que costó la misa.

Estas barriadas dejaron de celebrarse en 1966, cuando el pregonero acudió a la plaza de Santiago y el Prior no apareció.


Estas mujeres no pueden ser más expresivas degustando los sabrosos caracoles.

Pero las barriadas renacieron. Con el paso de los años se han recuperado las de Calderería, Santiago, y Puy, celebradas en fechas distintas a las acostumbradas, y con limitaciones o añadidos que varían según la pujanza de los organizadores -siempre los mismos-, a los que se debe reconocimiento.

De las tres actuales, por la colaboración vecinal, por coincidencia con la festividad de la patrona, y por la dedicación e iniciativa de los organizadores, la que se lleva la palma es la de la calle del Puy, a la cual pertenecen las fotografías, y el relato que sigue.


La mañana del día 25, festividad de la Virgen del Puy, es propicia para saborear un delicioso chocolate.

La fiesta comienza el día 24 de mayo a las 18,30 horas, cuando el tambor recorre la calle y al frente de la comitiva alcanza la basílica.

Acabada la Salve, en la explanada se obsequia a todos los presentes con queso, pan, vino y refrescos.

De regreso la comitiva se detiene en la primera casa de la calle, sede de la "Sociedad Beti-Aurrera", la cual ofrece chistorra y panceta regada con buen vino.


Previamente a la chocolatada, Antonio Jordana nos presenta las copias que ha hecho de los gigantes de la ciudad...

Después de haber comido uno o varios pinchos, la comitiva continúa y en el centro de la calle se alcanza la cima de esa víspera: la sociedad "Peñaguda" ofrece panceta, chistorra y otras viandas; la peña de "Los Doce" hace otro tanto; tres componentes de una sociedad ya desaparecida ofrecen champiñones que a la vista de todos preparan; Félix y Rosa Gómez de Segura escancian vino con los utensilios de las antiguas tabernas de cosecheros; y la familia Vergarachea Monsabré este año nos obsequió con exquisitos caracoles cocinados con jamón y chorizo.


...cuyo autor, Antonio Jordana, después de la bendición posa ante ellos.

La fiesta continúa al día siguiente, 25 de mayo, comenzando a las ocho de la mañana con la preparación del chocolate que se tomará después de misa, y con la presencia de gaiteros, chistularis y banda de música que anuncian con sus notas el amanecer del día de la Virgen.

Este año, como novedad, participamos de la presentación y bendición de una copia a menor escala de los famosos gigantes de Estella -y de dos cabezudos-, realizada por el inigualable Antonio Jordana.


Los nuevos gigantes, al frente de la comitiva, pasan por el puente de San Martín (o del Azucarero).

A continuación el vecindario sube a escuchar misa en la iglesia de San Pedro, formando una comitiva que mejora la del propio Ayuntamiento, y, vueltos a la calle, el abundante chocolate sacia hasta los estómagos más golosos.


Las homenajeadas en años anteriores, junto con los vecinos, escuchan la misa en la iglesia parroquial más antigua de Estella: San Pedro de Larrúa.

Hacia las 10 y media de la mañana, desde que hace 22 años recuperaron la barriada, los organizadores nombran a la alcaldesa de la calle y a dos damas de honor, las cuales ostentarán ese reconocimiento hasta que al año siguiente cedan el puesto a sus sustitutas.

A partir de ese momento la fiesta del barrio se funde con la subida oficial que el Ayuntamiento realiza a la basílica.


Asun Hermoso Calatayud, elegida este año alcaldesa de la calle, junto con sus damas de honor Mª Puy Galdeano Araya y Consuelo Alonso Pérez posa delante de los gigantes.

Pocas horas después, acabada la fiesta religiosa, es costumbre que danzaris y ex danzaris bailen en la plaza de Los Fueros el Baile de la Era, danza que tuvo su origen y desarrollo en la ciudad, y grupos de músicos aficionados amenizan el ecuador del día.


Los maceros y clarineros de la corporación municipal siguen su camino...

Por la tarde, en el mismo lugar se celebra un concurso de jotas organizado por la asociación de comerciantes de la ciudad, y termina una fiesta que subsiste gracias a la iniciativa de los vecinos.


...mientras que la fiesta continúa.

Junio 2005

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© Javier Hermoso de Mendoza