Propósito

En estos años, muchos ciudadanos han oído hablar de Estella (o Lizarra, su traducción al euskera), o leído su nombre. Otros muchos saben de la existencia de ésta pequeña ciudad navarra, y son numerosos los que la han visitado o morado. ¿Pero cuantos conocen su historia, sus costumbres, sus monumentos, sus gentes, y esa prolongación rural que desde el medioevo recibe el nombre de Tierra Estella?

A ellos y a sus naturales, habitantes de la ciudad o del mundo, van dirigidos estos reportajes con el deseo y la esperanza de que puedan adquirir un conocimiento profundo de esta tierra Navarra.

Estella

Estella nace a la historia en el año 1090, como una fundación franca para dar posada y fonda a los peregrinos centroeuropeos que caminaban a Compostela. Poblada de francos, es una isla urbana dentro de una Navarra rural, y durante siglos es la población comercial e industrial más importante del reino (Su fuero se considera "el primer código de comercio de la Península Ibérica"), amén de bastión inexpugnable de su independencia.

En la época moderna, su nombre y el de la tierra que la rodea ha estado asociado a todos los hechos importantes y/o transcendentes de la historia española: centro de operaciones de Espoz y Mina contra el ejército francés durante la Guerra de la Independencia; plaza fuerte de Zumalacárregui contra el gobierno de la nación en la Primera Guerra Carlista; corte de Carlos VII durante la Tercera Guerra Carlista; lugar de reunión de la Asamblea de Municipios Vasco-Navarros para aprobar el Estatuto de 1931. Hace pocos años, uno de sus palacios fue elegido para aprobar lo que se conoce como "Pacto de Lizarra".


Aymeric Picaud, que en el siglo XII escribió la primera guía de viajes (Códex Calistinus), se deshace en elogios hacia Estella mientras habla mal de toda la tierra vasco-navarra. Veda el Venerable, abad de Cluny, hacia el año 1141 dejó escrito que "Hay en tierras de España un noble y famoso castillo, que por lo adecuado de su situación y fertilidad de las tierras próximas, y por la numerosa población que lo habita, en todo lo cual supera a los castillos que le rodean, estimo que no en balde se llama Stella". Enrique Cock, que acompañó a Felipe II en su visita a la ciudad, en 1592 escribió que "no hay en España lugar que sea mejor". Pedro de Madrazo, a finales del XIX, Sert a comienzos del XX, y Gustavo de Maeztu a mediados del mismo siglo, quedan seducidos por ella. A Mañé y Flaquer, en 1877 le "produce el efecto de una ciudad que conserva los caracteres de los últimos tiempos de la Edad Media (...) La gente es laboriosa, inteligente y muy hospitalaria". La última loa que he escuchado, es considerarla "una ciudad italiana".

En una superficie muy reducida ("En un celemín de tierra, entre la peña y el río", dice Genaro X. Vallejos), Estella, ciudad monumental como pocas, concentra tal cantidad de monumentos que desde hace siglos se la considera "La Toledo del norte". Para qué seguir... El navegante podrá comprobarlo a través de los reportajes que mes a mes incorporo. Y para dar una visión de su medio físico y de su entorno, nada mejor que dejar la pluma a Cesáreo Montoya y leer lo que dice en su libro "Estella y los carlistas. Defensas del fuerte de Estella y Consideraciones sobre la guerra civil en Navarra", escrito en 1874 como desahogo a la desazón que le produjo la toma de Estella por el ejército carlista de Antonio Dorregaray.

Pero la ciudad también tiene sus sombras, y hoy, marginada en su propia tierra, estancada en su desarrollo, con una población de poco más de 13.000 habitantes y una comarca envejecida y muy despoblada, parece no encontrar su destino.

Espero que estos reportajes te ayuden a conocer Estella y Tierra Estella, porque el camino del futuro sólo lo podemos transitar apoyándonos en el conocimiento del pasado y del presente.

Un saludo.

Javier Hermoso de Mendoza



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